jueves, 12 de agosto de 2010

La desgracia de Leh

Son las doce de la noche pasadas, hemos dejado la ventana de la habitación abierta, no, no era un trueno, era un trueno tras otro como una ametralladora, la luz de los relámpagos parecía continua, que bárbaro, cerramos las ventanas y el agua rezumaba hacia la habitación a través de las rendijas de la estructura de madera de las ventanas, salgo al descansillo, al aire libre, de las habitaciones y veo caer el agua, así algo más de una hora, aquello se calma y me vuelvo a la cama, nos despertamos y algunos del grupo decidimos subir a conocer la Shanti Stupa cercana para así subir hasta los 3700 metros y aclimatar un poco mejor, la zona por la que subimos es la parte alta de Leh y nada nos hace pensar en la tragedia, subimos, hacemos fotos y bajamos.
Los ríos traen una fuerza descomunal, pero tampoco nos extraña mucho, puede ser el deshielo, y si, claro que ayer llovió, pero no pensamos más, llegamos a nuestro hotel y las primeras noticias, ¡puede haber cerca de 100 muertos en la zona del pueblo!, ¿que hacemos?, ¿vamos para allá a ver si necesitan algún tipo de ayuda?, si claro y además vamos a subir medicinas por si las necesitan. Algunos compañeros subieron esta mañana y aunque vieron la fuerza que el agua debía tener no fueron conscientes de lo grave que había sido.


El día anterior había sido plácido, llegada a Leh desde Delhi en avión, visita al pueblo, subida al Palacio Real y desde allí, caminatilla en subida de unos 250 metros hasta el templo japonés, el Namgyal Tsemo Gonpa, y en su colina cercana empezamos a ver las nubes y algunos relámpagos, oye estamos en un descampado y en una cimilla, vamos rápido para abajo, corriendo si, pero sólo por no mojarnos, nada hacía presagiar lo que ocurriría unas horas después, cenamos y a la cama, hay que aclimatar poco a poco.

Una vez conocidas las primeras noticias, Luis y yo queremos ir al hospital a llevar nuestras medicinas pero Kike Calleja nos pide que esperemos un poco, vale, oye hay que llamar a nuestras familias, los teléfonos aquí no funcionan, Kike tiene un satelital pero dice que sólo tiene una batería ya que no se ha traído cargador, vale, le damos los teléfonos de nuestras familias para que les llamen desde Madrid y estén tranquilos (las noticias cada vez son peores), nos dice que sube a su habitación a llamar y que esperemos abajo, vale, bien, abajo estamos, pasa el tiempo y llega Phuntchok, el organizador local de nuestras expediciones, sube a la habitación de Kike y desde arriba nos piden que si podemos subir un botiquín para curar a Phuntchok que ha tenido que ¡¡sacar a su hijíta del coche en el que iban porque se la llevaba la corriente!!, joder esto parece más grave. Subo yo ya que soy el que tiene el botiquín más a mano, el pobre tiene heridas en las piernas, en la cara, en las manos.

Después Luis y yo subimos hacia el hospital a llevar las medicinas y vemos todas las tiendas cerradas, increíble, con lo comerciales que son estas gentes, no cierran núnca, y al llegar arriba, madre mía lo que encontramos, que tragedia, que caos.

Leh es una ciudad que vive del turismo de montaña, y sobre todo del turismo cultural de los templos en sus alrededores, al tiempo tiene una gran presencia militar, de hecho el aeropuerto es militar.
Conseguimos llegar hasta el hospital, el único y aún en construcción en algunas zonas y entramos en él, el barro ha anegado hasta la primera planta, no encontramos a nadie a quién darle las medicinas, nadie que nos informe, al final damos con un estudiante británico de medicina que nos toma lo que llevamos y vemos que los únicos médicos de una planta son estos estudiantes que se están batiendo el cobre, admirables, en las plantas hay pocas camas y allí están repartidos los heridos, a esa planta no ha llegado el barro directamente pero si el que arrastran con sus pies todos los que llegan. Vemos traer a heridos en mantas en los coches, no hay ambulancias, alguno viene con la manta tapándole por completo, por lo que nos tememos lo peor.

Salimos del hospital y caminamos por la primera zona del desastre, no somos conscientes que más abajo es peor aún.

Son gentes encantadoras, comparten lo poco que tienen, a pesar de haber perdido casi todo o todo en muchos casos, han perdido familiares y todas sus pertenencias, pero saben que los extranjeros no tenemos posibilidad de hablar con nuestros móviles, ya que las antenas están caídas, y nos ofrecen los suyos para que hablemos con España, ¡increíble!, les intentamos pagar la llamada y en algunos casos, no lo quieren. 
Phuntchok, a pesar de tener a su familia en tiendas de campaña, en un lugar alto de los alrededores, no duda ¡que profesionalidad la suya! en colaborar para que no nos falte nada y en ayudar a que obtengamos los billetes de vuelta a Delhi.

Nos juntamos los españoles que podemos en una carpa cercana, todos los días para conocer noticias y planes, las noticias que nos llegan son confusas unas veces, bulos otras, pero la tensión crece cada día más, dos grupos de vascos, uno de ellos veo en la televisión que ya llegó el miércoles en la noche a España, y nosotros planificamos formas de salir de Leh, el agua y la comida empiezan a faltar un poco en la zona. El viernes y el sábado no sabemos nada de la embajada española, sólo que, parece ser que en España el Ministerio dice que la situación no es peligrosa y que, por tanto, no deben hacer nada especial.

El domingo a la tarde aparece por la zona un empleado de la Embajada, Cristobal, no me acuerdo del apellido, que muy amable, dice que nos sacarán entre el lunes y el martes, bueno, en el aeropuerto además de su ayuda, cada uno nos lo solucionamos como pudimos.

Por supuesto, desde el primer momento decidimos anular la actividad de montaña, nuestro objetivo era subir al Stok Kangri de 6121 metros en la cadena de montañas Zanskar, la previsión de tiempo habla de un par de días más o menos estables y después, de nuevo, tanta lluvia como la primera noche. Es que es la primera vez que aquí ocurre esto, en los últimos ochenta años el índice de lluvias puede ser parecido o inferior a algunas zonas nuestras como Almería.

Por las noches se ven en las montañas cercanas las luces de linternas, y en los edificios en construcción, gentes que no quieren dormir en sus casas, o es que ya no las tienen.


Algunas fotos de la tragedia