martes, 20 de julio de 2010

TorreCerredo


Esta subida ya la intenté otra vez en que Félix y yo subimos al Tesorero por su cara sur, y después por la cuerda de Arenizas intentamos llegar al Torre Cerredo en el día, se nos hizo tarde y lo dejamos, en esta ocasión me fui exprofeso a hacer la ascensión a la cima más alta de Asturias.

La ascensión al TorreCerredo, la cima más alta de Picos de Europa con sus 2648 metros de altura, se lleva a cabo desde la pradera de Pandebano, una de las opciones además de desde Bulnes por la canal de Amuesa, o desde el teleférico de Fuente De por Horcados Rojos o desde Caín por la Canal de Dobresengros. Dejamos los coches en Pandebano y subimos hasta el refugio de Urriellu a 1960 metros de altura, hicimos, por tanto, un desnivel algo superior a los 800 metros en unas dos horas y media largas, para aquí cenar y pernoctar, al ser domingo y mañana día de trabajo no está muy lleno y por tanto es algo más agradable que cuando está completo, el tiempo que nos hizo para subir al refugio ha sido muy bueno.

Nos levantamos a las seis y media, desayuno, cargamos el camel de agua hasta arriba, que el día promete, y a las ocho menos cuarto arrancamos. Ya desde el refugio, en dirección noreste se ve perfectamente la diagonal que sube hasta la Brecha de los Cazadores, al principio unas subidas y bajadas cortas hasta que ya, antes de tomar la diagonal, el sendero se empina por una pedrera de esas "bonitas", es decir de las de un pasito p`alante María y otro p´atrás, que poco me gustan, sobre todo al bajar en que te vas escurriendo a cada paso, poco después llegamos a la Brecha de los Cazadores y esto ya si que me gusta, primera trepadita por una corta chimenea hasta llegar a la cota de los 2250 metros en la Corona del Raso. Desde aquí las vistas del Pico de Urriellu son las mejores. Giramos a nuestra izquierda, hacia el oeste, y continuamos por la cresta, ancha, durante unos pocos metros, y sin perder altura giramos a la derecha hasta llegar a Horcada Arenera, que se abre entre las Torres Areneras hacia el norte y la arista que se desprende entre el neverón de Urriellu hacia el sur, ha sido otra media hora pero sólo hemos subido un desnivel de otros treinta metros. Aquí el sendero, hacia la derecha, nos llevará hasta el refugio de Cabrones, en el Jou del mismo nombre. Nosotros seguimos de frente y perdemos algo de altura hasta llegar al Neverón del Urriellu en otros veinte minutos. Cruzamos a la otra vertiente hasta un pequeño collado con vistas al pico de Cabrones y al Torre Cerredo, la vista de los dos es quizá de lo mejor en esos momentos, tiramos en la subida por el camino de la izquierda, sur-suroeste, hacia el Jou del Cerredo, a la bajada lo hicimos por el de la derecha, superamos una pequeña loma y bajando un poco llegamos a la base del Torre Cerredo, desde aquí vemos la Torre del Oso y la del Coello, el Jou del Cerredo, vemos algunos vivacs y nos encontramos con gente que viene desde el refugio de Cabrones hacia la Horcada de Caín, seguimos un sendero bien marcado, y a nuestra derecha, aquí si, bien marcado con hitos, comenzamos las trepadas que nos llevarán a la cumbre.

Antes llegamos a un rellano frente a la Torre Bermeja y vemos perfectamente la subida a Torre Cerredo por canales evidentes y trepadas que no pasan de grado II o II+, todo ello delante de la Aguja Labrouche, la última trepada en diagonal hacia la izquierda hasta llegar a un seguro empotrado para facilitar el rappel a la bajada, una arista aérea pero fácil, y en dos horas y tres cuartos hemos llegado a la cima a sus 2648 metros de altura.

Impresionante, te enamoras de Picos a pesar de un paisaje casi lunar en verano, a un lado Palánca, los picos de Palencia, Espigüete, Peña Ubiña, Curavacas, los anteriores Peña Vieja, Horcados Rojos, Tesorero, hacia otro lado Campanarios, la Párdida, por detrás Peña Santa, giras y el Pico de Cabrones, el Mar Cantábrico se ve, pero otro día, hoy estaba nublado sobre el mar. Fotos y fotos sin parar.

La bajada en destrepe, rapelando al principio, mucho patio, fácil, pero con cuidadín, llegada al refugio, ¡que calor! el camino hasta Pandebano se hace eterno y, al llegar en un arrollito los pies en el agua del deshielo, ¡que relax!

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